Regresar a la vigilia | Andrés Ugalde V.

Por Andrés Ugalde V. | andresugaldev@hotmail.com

(Publicado originalmente en diario El Tiempo, Cuenca, el 2012-06-03)

 

Este siglo XXI. Esta Era en la cual la tecnología y el vasto conocimiento acumulado durante siglos nos ha traído a las puertas de esta humanidad que hoy cuenta con las mayores oportunidades jamás soñadas para comunicarse, comprenderse y ayudarse; es también una época que abre a nuestros pies un abismo donde coexisten las macro amenazas más grandes que nuestra especie ha enfrentado y los paradigmas más difíciles de vencer.

Este mundo, que solo la prodigiosa mente de Verne pudo vislumbrar, está repleto de herramientas que nos permiten adquirir por vez primera una verdadera conciencia global.  Herramientas que, en un giro irónico de la historia, han sido entregadas precisamente a una generación que ha perdido el interés por manejarlas en beneficio de sus semejantes.

¿Por qué lo digo? Porque lo vivo cada día. Porque basta mirar alrededor para comprobar que es cada vez mayor la avalancha de información que nos advierte y nos alerta sobre las masivas amenazas de nuestro propio poder de destrucción. La naturaleza en agonía. La violencia al orden del día y el fanatismo en plena ebullición. Grandes retos que reclaman hoy más que nunca de la solidaridad y los principios más altos de la condición humana. Reclamos y llamados que se estrellan contra esa mirada apática. Pasiva. Indiferentemente dirigida al abismo al que nos dirigimos mientras nuestras nuevas generaciones se aíslan y refugian en un aparato celular. Una generación entera conectada a la red y desconectada por completo de la realidad y el contacto humano.

Ciertamente el mundo de hoy, desprovisto de leyendas, vuelve difícil mantener vivos los ideales que animan el progreso social. Sin embargo, no por esto podemos darnos el lujo de perder o banalizar nuestros símbolos mientras esta apatía, que nos ha tenido tantos años ausentes de nuestra realidad, nos impide asumir la responsabilidad histórica de sacar a nuestra sociedad de este agujero en el que Dios sabe quien la metió. Esta sociedad –este sistema– al que hoy sumamos cada vez más individuos fabricados en serie, con todos los extras que el modelo y la antigüedad permitan, para convertirse poco a poco en un producto de consumo, en un insumo, en un bien de mercado…

Lo cierto es que hoy, la humanidad entera y la Madre Naturaleza –que nos guste o no, todavía tiene la patente para fabricar seres humanos– requieren con urgencia el derribar ese muro que nos separa de nuestros jóvenes.  Rescatarlos de la clandestinidad ideológica e invitarlos a formar filas junto a nosotros y a todos aquellos que desde la historia nos legaron una patria y un mundo para defender. Un mundo en el que además de ingenieros, biólogos o arquitectos, necesitamos ciudadanos conscientes, que partan en búsqueda de las grandes satisfacciones que esperan agazapadas, reservadas para los que le apuestan a vivir, a crear, construir y servir en este mundo sin fronteras ni secretos. A despertar de este letargo y regresar a la vigilia que nos espera al final de este pesado sueño…

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