Guasón, de la masa al individuo | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

(Publicado originalmente en diario El Telégrafo, sección Cultura, columna Punto de vista, Guayaquil, el 1ro. de diciembre de 2019; reblogueado en Todo Iván Rodrigo Mendizábal, Quito, el 2 de diciembre de 2019)

 

Fotograma de Joker (2019) de Todd Phillips

Joker (2019), de Todd Phillips, plantea un tema atractivo: la emergencia de las individualidades en lugar de las masas o –en términos políticos– del pueblo. En efecto, es una película que se torna política a partir de un caso particular de disociación identitaria, cuyo contexto es una sociedad decadente donde prima la violencia como forma de vida.

Así, Joker es una tragedia posmoderna. Tiene el sentido característico de la tragedia: el personaje, pese a su condición, a su necesidad de salir adelante, está determinado por una fuerza superior; empero sus acciones, que bien son respuesta a los abusos que sufre, en el fondo no lo redimen, lo que provoca que el espectador sienta terror y conmiseración. Lo posmoderno radica en que el proceso de degradación de tal personaje le lleva al nihilismo, percepción que también cunde al espectador.

Hay que decir que Joker es un filme que cumple con su cometido de proponer a un antihéroe y, como tal, un punto de vista distinto a la del héroe que se colige, Batman –aunque a este aún no se le ve–. Tal perspectiva nos pone en el escenario de la vida agreste y cotidiana de una ciudad, de un mundo, en el que las diferencias sociales son radicales.

De un lado, los ricos y los medios de comunicación conforman una alianza ideológica para mantener el statu quo, mientras que, del otro, prevalece una masa de individuos sin trabajo, pobres, que conviven dentro de un espacio abigarrado y asfixiante. La película muestra que poco a poco el descontento social es equiparable al del Joker en tanto a este se le van cerrando las posibilidades de existencia.

Joker alude al actual descontento que produce el neoliberalismo y la globalización. En cierta medida, la película dialoga con otra: Cosmopolis (2012), de David Cronenberg, y del libro con título homónimo que le sirvió de base, escrito por Don Delillo. Aunque estas últimas tienen un punto de vista crítico, Joker deja abierta la discusión, porque lo que hace aparecer no es ya una masa disconforme, sino un individuo que parece sintetizar a una red caótica que no pretende instalar un sistema nuevo, sino tan solo su destrucción.

Pese a este hecho, hay que afirmar que Joker sobresale del común de las películas de superhéroes. Es magistral la actuación de Joaquin Phoenix. Está reforzada por una música que hace vibrar al espectador. Su trabajo de ambientación y de color nos devuelve el cine clásico. (O)

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