Solange Rodríguez Pappe: De cuando aparece la literatura | Yuliana Castelo Rodríguez

Por Yuliana Castelo Rodríguez | @yulcastelo

(Publicado originalmente en revista digital En hora buena, el 22 de febrero de 2015)

 

La mujer que amé se ha convertido en un fantasma. Yo soy el lugar de las apariciones.

Cuento de horror”, Juan José Arreola

 

Solange Rodríguez Pappe

Solange Rodríguez Pappe

La escritora Solange Rodríguez Pappe (Guayaquil, 1976) dice que la palabra ‘atomización’ podría ayudarnos a entender lo que hacen los libros por nosotros cuando los encontramos, o cuando ellos aparecen. “La atomización significa un cambio radical en tu estructura a partir de una situación. A veces ocurre que vas caminando por ahí y de repente encuentras literatura que te sacude y te transforma”.

Cuando la escritora era adolescente, encontró por azar una literatura poblada de seres extraños. Su padre, Fernando Rodríguez, tiene cientos de libros, pero en ese entonces ella tenía prohibido tocarlos. “Mi papá, como todos los padres, tiene un obsesión por el orden. Lo recuerdo limpiando su biblioteca y diciéndome que no podía mover nada de su lugar. Pero yo no hice caso, y cuando él se iba aprovechaba para explorar y luego leía a escondidas… En su biblioteca encontré a Edgar Allan Poe, un escritor que me marcó mucho, pero también una serie de relatos rarísimos. No recuerdo los títulos de algunos de esos cuentos, pero todavía pienso en ellos… Me gustaba despertar en ese mundo surrealista, pero además haber leído literatura fantástica, de horror y ciencia ficción a esa edad fue como una transgresión porque descubrí que las cosas podían ser de otra manera”.

El primer recuerdo de literatura de Solange es su abuelo, Carlos Rodríguez. “Lo recuerdo sentado en su escritorio, con la luz golpeándole la cabeza inclinada, siempre abstraído, siempre estudiando y leyendo. Nunca leímos lo que escribía, pero sabíamos que era escritor porque eso era lo que hacía… Creo su figura fue muy importante para que yo me convirtiera en escritora, tengo el oficio grabado en mi memoria”.

Cuando Solange se estaba convirtiendo en adulta, siguiendo por la línea de lo fantástico y lo maravilloso, halló a los escritores Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Ana María Shua (Argentina); y después a José Ovejero, Juan José Millás (España), Juan José Arreola, Alberto Chimal (México) y Mario Levrero (Uruguay). Estos autores, entre otros, son fundamentales para la escritora, son sus “atomizadores”.

“Yo no me esperaba estas lecturas. Por ejemplo, cuando descubrí a Ana María Shua me pareció extraordinaria esta capacidad de armar relatos encadenados que son breves pero arman un todo. Desde ahí aprendí a respetar esta  mezcla de imaginación y brevedad que tiene el micro relato. Me alegra mucho que este subgénero esté empezando a difundirse a través de las redes sociales porque es necesario, y una forma diferente de literatura”, dice Solange.

“Lo que admiro de estos escritores es que puedo reconocer en su obra valor. Se necesita mucho valor para elaborar fantasías que son consideradas raras por el medio. Yo admiro de ellos que no temen dejar volar su imaginación o ser desagradables con los lectores, están defendiendo su aire, siendo felices… Con estas ‘atomizaciones’ no hay un proceso lógico, quizás yo era una alumna dispuesta a escuchar esas palabras en particular. Ocurren cuando no te das cuenta, y no hay vuelta atrás”

Solange señala que gracias a estos escritores entendió también que la crueldad en la literatura es poderosa. “Hace tiempo hablaba con Santiago Páez sobre esto y él me decía que uno como escritor tiene que ser implacable, sorprender aniquilando, porque eso es lo que hace a la literatura inolvidable”. Rodríguez señala que la obra de Santiago Páez (Quito, 1958), particularmente Crónicas del Breve Reino, ha sido otra atomización muy importante. “La tetralogía imagina un país ilusorio llamado Ecuador tomando la figura de Eloy Alfaro como hilo conductor, y fabula esta tierra desde su inicio hasta su ocaso. La última crónica describe a un Quito apocalíptico que se desintegra entre hordas salvajes y terroristas espaciales…. El autor y su obra sus muy imaginativos y están llenos de riesgos y temeridades”, dice la escritora. En 2014, Rodríguez terminó una maestría en Estudios de la Cultura con mención en Literatura Hispanoamericana y actualmente realiza una investigación  sobre la literatura fantástica en Ecuador titulada “Desconocer la realidad”.

Solange disfruta de explorar vértices y bordes. Ella cree que existe un límite entre lo extraño y lo cotidiano que estamos atravesando todo el tiempo. “Cortázar, tan recordado en estos días, decía que lo fantástico es un sentimiento porque eventualmente nos sucede a todos y de golpe nos encontramos atrapados en eso y analizando la posibilidad de estar viviendo algo parecido a la maravilla”. A Rodríguez también le gusta imaginar y suponer qué pasaría si debajo de su cama hubiese un fantasma o si existiese alguien que pudiera viajar a través de los armarios. “Lo último que supuse fue que los gatos son los bibliotecarios del cosmos”.

Solange Rodríguez Pappe dice que la literatura es el puente entre el lector y el escritor, entre lo que está adentro y lo que está afuera, y explica que la escritura es su manera de ordenar y entender el mundo, pero que también se dedica a ella para atrapar fantasmas.

Ella cree con fervor en el azar y en el otro, en los desconocidos que de repente nos encuentran y que son atomizaciones que nos ayudan a enfrentar el miedo y las tristezas. El sexto libro de Rodríguez, publicado en 2014, se titula “La bondad de los extraños” está habitado por seres distintos, que tienen los pies sobre la tierra fantástica y que, como todas las criaturas que viven en su obra, siempre logran que aparezca la literatura ante los ojos del lector.

En 2010, Solange Rodríguez obtuvo el premio “Joaquín Gallegos Lara” a la mejor producción de relatos de ese año con “Balas perdidas”.

Sobre algunas de las atomizaciones que hallaron a Solange:

 Casa de Geishas – Ana María Shua

 ‘La reina del microrrelato’ nos introduce en el erótico mundo de las mujeres ausentes que simulan placer como profesión: se peinan, se maquillan y se convierten en el imposible ideal de belleza japonés de la mano de Shua, que las reviste de un aurea solitaria, hermosa y fantástica. Casa de Geishas también incorpora versiones nuevas de cuentos clásicos.

Bestiario – Juan José Arreola 

Desde la época medieval se abandonó la escritura de bestiarios, catálogos cuya única función era describir la fauna existente de un lugar, como un diccionario de animales. En las manos de Arreola, los bestiarios han logrado transformarse y sus criaturas se volvieron hombres y mujeres metafóricos.

Qué raros son los hombres – Juan José Ovejero 

 Los relatos de este libro han sido flechados por la misma interrogante: ¿qué tan difíciles de comprender son los hombres, las mujeres y hasta el deseo? Ovejero carga de un humor ácido a sus personajes y los lleva al límite para que la verdad sobre aquellos hombres sea más clara y honesta.

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