Cuentos ecuatorianos influenciados por la obra de Julio Verne | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

(Originalmente publicado como presentación del libro “Imaginando a Verne”, Campaña de lectura Eugenio Espejo, pp. 9-18, Quito, julio de 2018)

 

Julio Verne, pese a que para algunos estudiosos no tiene la significación debida, es una figura que, desde que emergió en la Europa del XIX, hasta nuestros días, tiene vigencia por su literatura, anclada en la temprana ciencia ficción –los romances o anticipaciones científicas– y las aventuras extraordinarias, tal como su editor, Pierre-Jules Hetzel, encasilló a su obra.

Sin embargo, un factor clave para entender su trabajo es su interés por la divulgación de la ciencia o lo que Jean Chesnaux, en Una lectura política de Julio Verne (1973) postula como la oportunidad de “hacer entrar la ciencia en la literatura”. Para los críticos de Verne la idea de divulgar la ciencia y hablar de las recientes invenciones de su época suponía “banalizarles”.

En Ecuador, las obras de Verne en el siglo XIX ya eran leídas (esto se colige de ciertas noticias que son publicadas en revistas culturales de época donde se señala que alguna obra de dicho autor ya engrosaba la biblioteca de alguna institución) y, en el mismo sentido que sucedía en Europa y Norteamérica, tenía sus admiradores, así como sus detractores. Entre estos últimos estaban Juan Montalvo y Juan León Mera. El primero era más cáustico (y sus afirmaciones las podemos encontrar entre las páginas del periódico “El Regenerador”, núm. 10, del año 1878, particularmente el artículo “De la pena de muerte, con una digresión”), al decir que Verne era un “escritorzuelo”, ejemplo de un tipo de liberalismo mal entendido, mientras que, para el segundo, la idea de la banalización de la ciencia era de por sí imposible de hacerse.

Fuera de toda crítica o prejuicio planteemos que, entre los lectores de Verne, había un puñado de escritores ecuatorianos que intentaban seguir las huellas de su estilo. El presente volumen recoge los cuentos o relatos de aquellos, particularmente los del siglo XIX. El contexto es un Ecuador que quiere abrazar el liberalismo, siendo los escritores que presentamos, adscritos o ligados al liberalismo católico burgués, anclados dentro de las tesis políticas del “progresismo”, distinto al liberalismo radical de Eloy Alfaro. Asimismo, existe la tensión por abrazar la Modernidad y dejar, de una vez por todas, el reclamo por el pasado histórico y, más bien, ver el futuro, donde las ciencias y las tecnologías tendrían un papel fundamental para el desarrollo de la nación. Esto no quiere decir que los cultores de la proto-ciencia ficción ecuatoriana sean ciegos a la realidad social y política de su momento: sus trabajos, como ciertos cuentos que se presentan, ironizan tal realidad, aunque al mismo tiempo tratan de dar el paso hacia un modelo distinto de sociedad, en el que, aunque fantástica o racionalmente, si se aplicaran ciertos ajustes, se puede lograr el país utópico deseado.

Solo digamos de paso que, si bien los cuentos reunidos en este volumen están entre los años 1891 y 1896, siendo los más representativos los de 1893, es en este año cuando nace la ciencia ficción ecuatoriana en formato de novela con una utopía política escrita por uno de los escritores claves del género, Francisco Campos Coello. Su La receta, relación fantástica aparece entre las páginas de la revista guayaquileña El Globo Literario y es el ejemplo de cómo un escritor horada el campo literario de su tiempo con una propuesta fantástica, con páginas de explicaciones científicas orientadas a un proyecto de buen gobierno futuro para Ecuador. Serían en realidad tres autores y cuatro novelas las fundacionales de la ciencia ficción de Ecuador: la del aludido Campos Coello, La receta y la inconclusa Viaje a Saturno; la de su amigo, Manuel Gallegos Naranjo, Guayaquil, novela fantástica; y la de otro admirador de Verne, esta vez en Quito, Abelardo Iturralde G. y su obra, Dos vueltas en una, alrededor del mundo: Un viaje imaginario en sentido opuesto al movimiento de rotación.

En este libro presentamos los cuentos de Campos Coello, de Gallegos Naranjo, además de cuentistas o narradores como Alberto Arias Sánchez, José Antonio Campos, Vicente Becerra y Francisco Pablo Icaza. Fruto de nuestro trabajo investigativo en el contexto de la ciencia ficción ecuatoriana desde hace algunos años (cuyo panorama principal se puede encontrar en la entrada respectiva en The Encyclopedia of Science Fiction, en su versión online y otras publicaciones, particularmente el sitio web Ciencia ficción en Ecuador), fuimos encontrando (o reencontrado), con asombro y entusiasmo, no solo las novelas en cuestión, sino también los cuentos que forman parte del presente volumen. Nos atrajo su estilo, su desenfadado modo de contar aventuras, mezclando la pregunta y la hipótesis, la prueba y la comprobación, donde los autores dialogan sobre las ciencias o las inquietudes suscitadas por la emergencia de las tecnologías dentro de la literatura, esta vez, el relato o el cuento.

Si hay que caracterizar cómo los citados escritores son influenciados por Verne, al querer ser también divulgadores de las ciencias y los imaginarios sobre tecnologías, aparte de que ellos mismos se encargan de citarle en muchos casos dentro de la trama de sus cuentos o relatos, es porque estos obedecen a unas estrategias, si consideramos lo que dicen, Etienne Souriau en el Diccionario Akal de Estética (1998), Raymond Bellour y Michel Foucault, en sus ensayos compilados en Verne: un revolucionario subterráneo (1968), editados por Noé Jitrik. Tales estrategias vendrían a ser:

  1. El comienzo abrupto con un momento vivo de la acción, con alguna situación y frase de exclamación directa, abrupta.
  2. La idea del viaje iniciático con sentido cíclico o cronológico que, además, inscribe el ciclo del conocimiento.
  3. Un personaje resuelto, tenaz, perseverante como ejemplo del innovador.
  4. Un personaje que observa, explica y despliega saberes; hace caer en cuenta a los otros personajes de sus hallazgos, siendo su función didáctica.
  5. La catalogación de hechos, o listas de fenómenos, o enumeración de eventos, todo orientado a lo didáctico mediante el artificio narrativo.
  6. La presentación racional de hechos reales y científicos, vistos estos además como maravillosos.
  7. El uso de terminología científica como si fuera poética.
  8. Una narración con giros astutos que llevan a captar ideas o a dar respuestas llanas sobre fenómenos.
  9. La sensación de convivencia de la ciencia y la tecnología en la vida cotidiana de las personas.
  10. Los textos a veces discontinuos, donde el narrador toma distancia o está directamente involucrado, o el aparecimiento de varias voces que pugnan por explicar la fábula.

El más preclaro de los autores del conjunto de cuentos o relatos es Francisco Campos Coello, político, ejecutor, cuando se desempeñaba como autoridad de la Alcaldía de Guayaquil, del proyecto de agua potable para su ciudad, remodelador de la misma, impulsor de varias instituciones sociales hoy beneméritas, educador, cronista-periodista (particularmente de El Telégrafo), humanista, entre otros denominativos. De él es el libro Narraciones fantásticas (1894), con tres cuentos que publicara en forma previa en la revista Guayaquil. Los editores del libro, en la “Presentación”, ya hicieron constar que su autor fundaba una nueva escuela literaria en homenaje a Verne. De este libro y otras publicaciones, particularmente en la revista El Globo Literario, se escogieron: “El mar”, “Estudios astronómicos”, ambas de 1893, “Viaje alrededor del mundo en 24 horas”, “La semana de los tres jueves”, ambas de 1894.

El otro autor de interés es José Antonio Campos, cronista y periodista guayaquileño, conocido con el seudónimo de “Jack The Ripper”, escritor y novelista, sobrino de Campos Coello. A diferencia de este, quien se muestra erudito en su obra, Campos más bien usa el humor y hace una escritura más desenfadada, recordando al primer Verne. De Campos se leerá: “La isla de los locos”, “La corrección de pruebas” y “Amor de astrónomo”, todos ellos de 1893, publicados en El Globo Literario.

De Manuel Gallegos Naranjo, también periodista, cronista, escritor, poeta, presentamos su cuento: “Astronomía del alma” de 1893 publicado en El Globo Literario de Guayaquil. El director de dicha revista, Vicente Becerra, también periodista, quien, al parecer habría iniciado estudios de medicina y luego los habría abandonado para dedicarse al periodismo, también escribió cuentos y reflexiones. De él ponemos en consideración el cuento: “El reloj mágico” (1893). Del mismo círculo, también prolífico, es Alberto Arias Sánchez, escritor y político quien, por otro lado, murió asesinado en Chile cuando ejercía un cargo diplomático en representación de Ecuador. De este se presenta el cuento: “Un viaje de prueba” (1896). Dentro del conjunto de trabajos rescatamos un relato de Francisco Pablo Icaza, “Un viaje prometido” publicado en 1891 en la revista guayaquileña La Palabra.

Nótese que los autores y cuentos proceden de Guayaquil. ¿Es acaso Guayaquil el lugar donde se pensaba sobre la Modernidad futura, existía el entusiasmo por el cosmopolitismo que abrigaba el mundo de las invenciones y de los avances científicos en el siglo XIX? ¿Existe alguna escritura parecida en Quito u otras ciudades de Ecuador en el periodo? ¿Por qué el periodo del progresismo político es el más prolífico en literatura de ficción o anticipación científica? Mientras hay un pensamiento positivo en Guayaquil, pareciera que en la Sierra las innovaciones y la ciencia son miradas con recelo. Juan León Mera escribió en el periodo dos cuentos: “Los prodigios del Doctor Moscorrofio” y “El alma del Doctor Moscorrofio”, además de un cuento, “Aventuras de una pulga contadas por ella misma”. En ellos plasma más bien sus inquietudes sobre la avasallante Modernidad y de sus signos que, en cierto sentido, amenazan a la sociedad y la familia ecuatoriana. Esta compilación no las considera, por no ser influidos por Verne, aunque son ejemplos interesantes de la temprana ciencia ficción ecuatoriana.

De los cuentos que constituyen la presente selección digamos que hay ciertos temas que los ligan con el mundo imaginario de Verne. Es claro identificar en aquellos los rasgos o estrategias vernianas antes señaladas. Fuera de estos, encontramos tres o cuatro temas que también están presentes en las obras de Verne y que los autores ecuatorianos tratan de imitar.

El primer tema es el entusiasmo por la ciencia y su explicación vía relato ficcional. Esto caracteriza a los cuentos de Campos Coello. El relato-ensayo “Estudios astronómicos” es un ejemplo de exposición didáctica sobre el sistema solar, como si estuviéramos viéndole, con un científico omnisciente que nos guía, como si estuviéramos en una nave espacial, su orden y movimiento. El cuento “La semana de los tres jueves”, a partir de una apuesta y la pretensión de desposar a una bella mujer, el retador nos invita a demostrar que la semana, paradójicamente, tiene tres jueves. Es la cuestión del desfase horario debido a los meridianos y el huso horario. La narración es un tratado sobre la medición del tiempo que, desde 1884, empezó a tener carta de ciudadanía mundial cuando se definió el Meridiano de Greenwich. Un cuento que parece ir más bien por la tangente es “La corrección de pruebas” de Campos (Jack The Ripper) acerca de cómo se arma una pieza para ser publicada en la imprenta, aunque el punto de partida del cuento recuerda la aventura del Dr. Otto Lidenbrock frente al criptograma que debe descifrar en Viaje al centro de la Tierra (1864).

Otro tema es el vuelo. Lo constatamos en: “Viaje alrededor del mundo en 24 horas” de Campos Coello y “Un viaje de prueba” Arias Sánchez. El vuelo, para la época, es algo todavía maravilloso y su imaginación está conectada con los desarrollos de la tecnología. En “Viaje alrededor del mundo en 24 horas” un “filogeógrafo” descubre el modo de ver el mundo en un día, desde la altitud y sin moverse. Es como si estuviéramos viendo la Tierra desde la Estación Espacial. A su vez, el cuento “Un viaje de prueba” es sobre el sueño del viaje a la Luna. Luego de los cuentos citados de Mera, este es otro donde leemos acerca de una invención propia, una máquina de hierro en forma de cóndor, con dos enormes alas con el que se viaja desde Quito hacia la Luna. Si en el cuento de Campos Coello hay un guiño a Cinco semanas en globo (1863), en la narración de Arias Sánchez, la referencia es a De la Tierra a la Luna (1865). El cóndor andino metálico, toma probablemente como base el diseño de Clément Ader que ya era conocido desde 1890 como “aparato volador que imita el ave natural”, cuyas iniciales luego servirán para el nombre “avión”. Aunque el cuento se torna jocoso, este también demuestra los terrores que pueden infundir también las “nuevas” tecnologías.

En relación con el vuelo, está además el tema del viaje, entendido este como un desplazamiento a un lugar diferente para lograr conocimiento nuevo. Aparte de los citados relatos o cuentos presentamos “Un viaje prometido” de Icaza, “El mar” de Campos Coello y la “Isla de los locos” de Campos (Jack The Ripper). En el relato de Icaza este declara que su viaje tiene algo de extraordinario, al tono de Verne y es, en ocasión de visitar a su amigo en una isla, el descubrimiento de una comunidad de jugadores de rocambor, un juego de cartas, del cual sale prácticamente sin dinero. En ciertas obras de Verne hay imágenes de jugadores y juegos como, por ejemplo, La ciudad flotante (1870). En “El mar”, leemos acerca de la evocación de un viaje, muy al tono de El rayo verde (1882), aunque en el caso de Campos Coello, se trata de la admiración a la inmensidad del mar. En la “Isla de locos”, Campos nos lleva a una isla donde todo está invertido por la “locura” de la ciencia. Pareciera que el autor asume con cierta ironía los límites que también debería tener la racionalidad reclamada de la Modernidad. El guiño posiblemente sea a dos novelas de Verne: La isla misteriosa (1874) o quizá a Dos años de vacaciones (1888).

Esto nos lleva, por otro lado, a la cuestión de los sentimientos y de las emociones. El paradigma presente son las relaciones de pareja que, para Verne, pese a que sus “héroes” son siempre masculinos, no las excluyen: se trataría de relaciones como de condiscípulos, en las que hay cierta complicidad, con una suma de rituales. Pensemos, así, los cuentos “Amor de astrónomo” de Campos, “Astronomía del alma” de Gallegos Naranjo y “El reloj mágico” de Becerra. En los primeros, se trata de la conquista del corazón de alguna mujer como si se tratase de conquistar el espacio infinito, bella metáfora de las relaciones amorosas; en el último, el corazón de una mujer se asemeja a un reloj al cual hay que cuidarle. Alrededor de cuestiones sobre el amor, se podría pensar la novela de Verne, El rayo verde.

Para concluir, falta hacer un trabajo más sistemático sobre la influencia de Verne en la literatura ecuatoriana. Este volumen presenta lo que podría ser un camino inicial. Para lograr una lectura más en tono con el tiempo presente, hemos actualizado el lenguaje de los cuentos o relatos; esperamos que el arreglo entusiasme más a los futuros lectores.

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