Vernianos ecuatorianos: Notas sobre los inicios de la ciencia ficción en el país | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

(Publicado originalmente en la revista Rocinante 118, de la Campaña de Lectura Eugenio Espejo, pp. 24-27, Quito, agosto de 2018)

 

Los cuentos reunidos en este volumen aparecieron originalmente entre los años 1891 y 1896, pero los más representativos pertenecen a 1893, año en que nace la ciencia ficción ecuatoriana en formato de novela, con una utopía política escrita por uno de los escritores claves del género, Francisco Campos Coello. Su La receta, relación fantástica aparece entre las páginas de la revista guayaquileña El Globo Literario y es el ejemplo de cómo un escritor horada el campo literario de su tiempo con una propuesta fantástica, con páginas de explicaciones científicas orientadas a un proyecto de buen gobierno futuro para Ecuador.

Serían en realidad tres autores y cuatro novelas las fundacionales de la ciencia ficción de Ecuador: la del aludido Campos Coello, La receta, y la inconclusa Viaje a Saturno; la de su amigo Manuel Gallegos Naranjo, Guayaquil, novela fantástica; y la de otro admirador de Verne, esta vez en Quito, Abelardo Iturralde G., autor de Dos vueltas en una, alrededor del mundo: Un viaje imaginario en sentido opuesto al movimiento de rotación.

En este libro presentamos los cuentos de Campos Coello, de Gallegos Naranjo, además de cuentistas o narradores como Alberto Arias Sánchez, José Antonio Campos, Vicente Becerra y Francisco Pablo Icaza. Se trata de escritores ligados al liberalismo católico burgués, anclados en las tesis políticas de un «progresismo» distinto al liberalismo radical de Eloy Alfaro. Entre ellos era extendida la intención de abrazar la Modernidad y dejar, de una vez por todas, el reclamo por el pasado histórico; y proponían, más bien, ver un futuro donde las ciencias y las tecnologías tendrían un papel fundamental para el desarrollo de la nación.

Esto no quiere decir que los cultores de la proto-ciencia ficción ecuatoriana sean ciegos a la realidad social y política de su momento: sus trabajos, como ciertos cuentos que se presentan, ironizan tal realidad, aunque al mismo tiempo tratan de dar el paso hacia un modelo distinto de sociedad donde, aunque fantástica o racionalmente, si se aplicaran ciertos ajustes, se puede lograr el país utópico deseado.

Cabe notar que estos autores y cuentos proceden de Guayaquil. ¿Es acaso Guayaquil el lugar donde se pensaba sobre la Modernidad futura, existía el entusiasmo por el cosmopolitismo que abrigaba el mundo de las invenciones y de los avances científicos en el siglo XIX? ¿Existe alguna escritura parecida en Quito u otras ciudades de Ecuador en el periodo? ¿Por qué el momento del progresismo político es el más prolífico en literatura de ficción o anticipación científica? Mientras hay un pensamiento positivo en Guayaquil, pareciera que en la Sierra las innovaciones y la ciencia son miradas con recelo. Juan León Mera escribió en el periodo los cuentos «Los prodigios del Doctor Moscorrofio», «El alma del Doctor Moscorrofio», y «Aventuras de una pulga contadas por ella misma». En ellos plasma más bien sus inquietudes sobre la avasallante Modernidad y de sus signos que, en cierto sentido, amenazan a la sociedad y la familia ecuatoriana. La presente publicación de la Campaña de Lectura no las considera, por no ser influidos por Verne, aunque son ejemplos interesantes de la temprana ciencia ficción ecuatoriana.

Si hay que caracterizar cómo los citados escritores son influenciados por Verne, al querer ser también divulgadores de las ciencias y los imaginarios sobre tecnologías —aparte de que ellos mismos se encargan de citarle en muchos casos dentro de la trama de sus cuentos o relatos—, es porque sus textos obedecen a determinadas estrategias (consideradas por Etienne Souriau, Raymond Bellour y Michel Foucault, en diversos ensayos):

  • El comienzo abrupto con un momento vivo de la acción, con alguna situación y frase de exclamación directa, abrupta.
  • La idea del viaje iniciático con sentido cíclico o cronológico que, además, inscribe el ciclo del conocimiento.
  • Un personaje resuelto, tenaz, perseverante como ejemplo del innovador.
  • Un personaje que observa, explica y despliega saberes; hace caer en cuenta a los otros personajes de sus hallazgos, siendo su función didáctica.
  • La catalogación de hechos, o listas de fenómenos, o enumeración de eventos, todo orientado a lo didáctico mediante el artificio narrativo.
  • La presentación racional de hechos reales y científicos, vistos estos además como maravillosos.
  • El uso de terminología científica como si fuera poética.
  • Una narración con giros astutos que llevan a captar ideas o a dar respuestas llanas sobre fenómenos.
  • La sensación de convivencia de la ciencia y la tecnología en la vida cotidiana de las personas.
  • Los textos, a veces discontinuos, donde el narrador toma distancia o está directamente involucrado, o el aparecimiento de varias voces que pugnan por explicar la fábula.

Para concluir, falta hacer un trabajo más sistemático sobre la influencia de Verne en la literatura ecuatoriana. Este volumen presenta lo que podría ser un camino inicial.

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