Los cuentos de ciencia ficción de Rodríguez Pappe

bondadextraños

Por Iván Rodrigo Mendizábal

Solange Rodríguez Pappe nos reta con un nuevo libro de cuentos: La bondad de los extraños (2014). El tono de ellos tiene que ver con lo fantástico, aunque podemos encontrar tres cuentos que tienen que ver asimismo con la ciencia ficción.

De Solange Rodríguez Pappe se conoce: Balas perdidas (2010) –además ganadora del Premio Joaquín Gallegos Lara–, Ciudad mínima (2009), El lugar de las apariciones (2007) y Tinta sangre (2000) y algunos cuentos aparecidos en compilaciones.

Algunos de los cuentos La bondad de los extraños fueron apareciendo en páginas web o blogs y también en publicaciones periódicas y libros de compilación. La autora, sin duda, ha creado una atmósfera para que por fin se pueda disfrutar de este su último libro. Tal atmósfera es justamente la de cimentar su obra en el terreno de lo fantástico.

Lo fantástico y la ciencia ficción

Y lo fantástico para Rodríguez Pappe tiene que ver con ese mundo de sueños y de la imaginación, tal como lo declara en un video en YouTube. Frente a una cierta tradición en la literatura ecuatoriana –y también Latinoamericana–, ligada al realismo, ella sostiene que el elemento fantástico también se ha cultivado en el país por otros escritores, quienes han seguido la raigambre de la imaginación, no necesariamente anclada en aspectos concretos de la realidad, o en aspectos realistas, sino más bien en arquetipos ya milenarios, si seguimos las consideraciones de Carl Jung.

Lo fantástico, en este contexto, más que un género, vendría a ser un efecto de ese mundo de imaginaciones y también de imaginarios latentes, los cuales aparecen y pueblan la realidad de nosotros todos los días a partir de los sueños y las ensoñaciones. La cuestión del efecto de lo fantástico por ejemplo ya fue discutido por el peruano Harry Belevan en Teoría de lo fantástico (1976). David Roas en Teorías de lo fantástico (2001), de alguna manera también asemeja sus criterios a los de Belevan cuando señala que lo fantástico existe bajo la condición de que haya lo sobrenatural, entendido este como lo que transgrede a las leyes que dominan el mundo de lo real. En lo fantástico, sentimos que hay algo que se sabe, pero que no es posible de definirlo, y ese sentimiento que asalta y que nos mueve a que estemos en una especie de inseguridad, es lo mismo que juega, como estrategia propia, la literatura como la Rodríguez Pappe.

El efecto, entonces, es ponernos también, como lectores, en otro espacio de inestabilidad, en uno que el texto literario crea y nos envuelve, pero que, por contradictorio que esto sea, no tenga nada que ver con el del mundo real.

Pues bien, es posible encontrar este tono fantástico, extraño, de atmósfera que lleva a que nos sintamos inestables también con la ciencia ficción, por lo menos en los que la escritora guayaquileña nos plantea. Pues si la ciencia ficción tendría que ver con cómo las ciencias y las tecnologías provocan cambios y llevan a respuesta de los seres humanos, al tono de Isaac Asimov, o a hipótesis o conjeturas sobre mundos aún no vividos, al modo de John Clute, el efecto fantástico puede siempre poblar las historias en dicho género.

Y acá vale la pena volver a Darko Suvin en Metamorphoses of science fiction (1979) cuando señala que la ciencia ficción tiene que ver el extrañamiento y la cognición en el marco de un espacio narrativo imaginativo. En los cuentos de Rodríguez Pappe, se puede decir, que hay algo de esto. Ese efecto, ese tono al que aludía antes, se percibe en los cuentos de La bondad de los extraños. No me voy a detener en los fantásticos o en los que otros críticos literarios han denominado como “extraños”, pero sí en los de ciencia ficción donde este extrañamiento o este distanciamiento lleva justamente a la cognición, es decir, al conocimiento de una realidad que aún no se ha vivido. Comentaré los cuentos: “Confeti en el cielo”, “El peor apocalipsis”, “¿Qué hace una chica como tú en un lugar como éste?” y “La culpa está en la mano izquierda”.

Los cuentos

En este marco, en el primer cuento, “Confeti en el cielo”, asistimos a una especie de fin del mundo. La narradora, junto a su gato Bakunin, debe reunirse con Santiago, para mirar cómo la Tierra acabará. Se podría decir que el horizonte es apocalíptico porque eso de que va a venir el fin del mundo, aunque podría contener el contenido bíblico del acabamiento, del modo que es tratado por la autora, es más bien poético y, precisamente, fantástico.

La parte inicial del cuento viene a ser el relato de los últimos momentos que la narradora disfruta de lo que queda del mundo caótico que se va abandonar: mujer y gato, ambos unidos como un espíritu solitario que presiente el final con cierta paz y tranquilidad, con un aire de confianza, con una sensación –que es transmitida al lector– de haber visto el mundo en un antes y aceptar el mundo en un después. La parte media, si se quiere, es el recorrido por las calles de la ciudad. Allí están los guardianes quienes impiden que la gente salga y más bien recomiendan refugiarse; hay muertos, hay un espacio de caos que tampoco se siente espectacular. Nos situamos en momentos en los que vemos pasar ante nuestros ojos el contexto, un contexto que está ahí, que ya no importa. Pronto llegamos a un lugar donde se practica el ritual de enterrar libros, con la esperanza de que, si existiera una nueva humanidad, recuperara dichos libros. Finalmente la esperada llegada del final. En todo ello, Rodríguez Pappe ya ha ido construyendo ese mundo imaginario, ese mundo que es pintado brevemente, un mundo urbano, un mundo cotidiano. Y esa situación de cotidianidad lo sentimos también en la parte final, porque se trata de una especie de mirada al fin del mundo como si estuviéramos mirando el amanecer o el atardecer. Y el salto es, desde allá, a la imagen de los seres queridos que acompañan, como lo perdurable en la memoria que alguien desea morir con lo más íntimo.

Si hay que hablar de cognición en el cuento referido, es sobre todo, respecto a la vuelta a lo sensible. Es decir, lo sensible como el mundo de los afectos, de los sentimientos que están más allá de todo tipo de situaciones. En ese espacio imaginativo futurista, o hay una catástrofe climática que congelará todo, o hay el acabamiento del sistema solar que lleva, en efecto, a un enfriamiento del planeta. Esto se infiere del ambiente creado; pero frente a las imágenes catastrofistas y espectacularizantes que pueden implicar los fines del mundo, en el de Rodríguez Pappe, lo que importa es lo sensible, es decir, el tocar, el sentir la piel, el rozar el pelo del gato, el tomar el último sorbo de agua, el saber que hay alguien que toca la mano de la narradora y, sobre todo, que las imágenes de quienes más se aman valen más que cualquier presencia definitiva de la destrucción. Y quizá eso también esté presente en esa imagen congelada del final, es decir, la memoria es lo que queda… como el de las fotografías.

Respecto al apocalipsis cabe referirse a un segundo relato, “El peor apocalipsis”. Es un relato en tono kafkiano donde el absurdo se resalta de modo plausible. El escenario bíblico es uno que lleva a la idea del apocalipsis; por lo menos para el mundo occidental ese mundo se ha popularizado. El otro, ligado a la modernidad, es el de la catástrofe. La conjura final del relato, donde, en efecto, aparece el absurdo en su más radical acepción, es el hecho de que el apocalipsis sea el momento donde no pase nada de nada, momento, por otro lado, infinito. Una lógica conclusión de ello: el apocalipsis como la eternidad. El problema que parece poner en evidencia la autora es que la palabra misma nos ha envuelto en una serie de imágenes de acabamiento, mientras que dicho término y su sentido apunta otro: la revelación. El relato, en su absurdidad, evidencia que si no se comprende la revelación, no es posible ver la eternidad como está prometida.

Probablemente el primer cuento que analicé, “Confeti en el cielo”, tenga que complementarse con “El peor apocalipsis” o a la inversa. Ahora bien el tema del apocalipsis en la ciencia ficción es también una de sus vías. Incluyo éste relato entre los de ciencia ficción en La bondad de los extraños precisamente por ello, porque se trata de un apunte para pensar en este género qué implica esta palabra.

El tercer cuento es “¿Qué hace una chica como tú en un lugar como éste?” Acerca de éste ya me referí en la anterior publicación: “Ciencia ficción y fantasía: a propósito de ‘Utópica Penumbra’”. Decía entonces que en el título resuena el homónimo film español de Fernando Colomo, pero sobre todo la canción de Burning.

Empero el cuento en mención es acerca de un encuentro y de una relación fortuita, silenciosa, en algo así como un aeropuerto donde la personaje de la narración, humana, mimetizada con un disfraz, pretende tomar un arca para transportarse a una galaxia. Estamos en el contexto de un no-lugar –al modo de Marc Augé–, un emplazamiento de paso, donde los viajantes deben ser esculcados y registrados. Como sucede en los aeropuertos con sus sistemas de policiales, el cuento transmite la sensación de estado de vigilancia y de control al que son sometidos diversidad de especies, entre ellos los humanos, quienes deben ser desinfectados dada la cantidad de bacterias que portan inconscientemente, las cuales podrían ser usadas como armas biológicas. La personaje entonces debe tratar de ocultar su identidad, su olor, su cuerpo; en la fila de espera está otro personaje con quien establece una relación de complicidad porque también es otra humana.

Lo impresionante del cuento es esa relación acerca de los filtros migratorios, pero sobre todo, lo que tiene que ver con las políticas de paso en los viajes. Si tuviéramos que ver desde otro plano, desde la distancia, desde los aeropuertos, nos daríamos cuenta, en efecto, de la violencia simbólica de tales políticas las cuales se relacionan con la selección, el apartamiento y el marcado de la identidad y del cuerpo: el ser humano es un objeto más, una materia transportadora a la cual hay que tratarla como tal, como una mercancía al que se la da el visto bueno para insertarse en el flujo de los intercambios.

Pero el otro hecho, que está en el nivel cognitivo es lo referido a la cuestión biopolítica: pues los filtros en toda sociedad de control suponen que el cuerpo transporta bacterias, es decir, gérmenes de cualquier cosa. En términos médicos, la amenaza del extranjero como portador de virus, implica volver la mirada al extraño, al contaminado y el hecho que toda enfermedad viene desde afuera. Pero en términos culturales, la biopolítica supone a su vez que el extraño no es bienvenido porque su amenaza constituye, por otro lado, la posible destrucción de toda estabilidad social. En el cuento de Rodríguez Pappe, esta vez los humanos son vistos como peligrosos para las demás especies; éstas determinan su circulación hacia el espacio exterior. En esta paradoja radica el hecho y la concienciación de que los seres humanos somos una amenaza constante.

El cuarto cuento de ciencia ficción de La bondad de los extraños es “La culpa está en la mano izquierda”. Una cita romántica donde una pareja se reúne para cocinar y comer se transforma por un ligero corte que sufre la mujer. La sangre no cesa de fluir, la mano izquierda tiembla. Cuando el hombre ha logrado, mediante el calor, detener la herida, la cena, con la sangre mezclada en el comida, sirve para que luego ambos se entreguen a una noche de pasión. Pero luego, nuevamente la sangre y la mano que tiembla. Él decide llevarla al hospital, pero ambos no tienen el carnet de salud. Entonces, en el camino, él decide accidentarse. Ambos en el hospital son tratados; están maltrechos; no obstante eso, la mano izquierda de la mujer tiembla.

Contado así es una historia anodina más. Rodríguez Pappe introduce ciertos datos que nos transportan a un mundo otro. Primero en una conversación acerca de dónde están enterrados los padres de él, este responde: “En la Tierra”. Pareciera que estamos fuera de la Tierra, en otro mundo, en otro planeta…; ese rasgo de exterioridad referencial futurista nos hace pensar en que no obstante el tiempo y el espacio, la humanidad es la misma, con sus dramas, con sus formas de amar, con sus formas de compartir. La impresión que queda es la noche tranquila, es la sensación de paisaje solitario, un tanto como el de Bradbury en Crónicas Marcianas (1950). Segundo, también referido a esa exterioridad referencial, es “la máquina”. Ella parece que está omnipresente en todo el mundo del relato. Sirve para cocinar, para dar placer, para higienizar el ambiente, para curar; es decir, es una máquina multifuncional. Estos seres humanos se sirven de ella para hacer su vida confortable. Pero como los personajes del relato, tras el corte en la cocina, tras revolver la sangre en la ensalada, se envuelven en una especie de pasión canibalesca, el resultado es hacer el amor al modo “arcaísta”. En otras palabras, en ese mundo, la vida es otra, maquínica, sometida a todo proceso higiénico. Por algo Rodríguez Pappe escribe transmitiendo la sensación de un espacio minimalista –su estilo en cierto sentido es también éste–. Lo arcaísta es lo añejo, lo que no se practica, lo que es vergonzante. Por algo los enfermeros hablan de lo que sucede con la pareja, como una “historia moral”. ¿Y qué es eso? Una relación de pareja al modo antiguo, con sus rituales, con sus formas de seducción, e incluso con la decisión de “accidentarse” mutuamente; o una relación donde la máquina es subsidiaria del placer, del goce, del amor, de la vida cotidiana, etc. Someterse al dominio de la máquina, tan aséptica, es admitir su propio dominio, que es en definitiva, el mundo de lo hedónico, de que todo viene por mediación tecnológica.

Quizá habría que decir, finalmente, que en el título hay un guiño a la novela de Úrsula LeGuin, La mano izquierda de la oscuridad (1969) en sentido de que el cuento aborda el tema de la sexualidad biológica inherente a la humanidad, contra esa sexualidad maquínica que prometen siempre las nuevas tecnologías.

La bondad de los extraños de Solange Rodríguez Pappe es un libro de retos. Yo me he sometido a los que ella nos ofrece leyéndolos en el contexto de la ciencia ficción.

Un pensamiento en “Los cuentos de ciencia ficción de Rodríguez Pappe

  1. Pingback: Tres cuentos | Ciencia Ficción en Ecuador

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s