¿El fin de la novela y novela apocalíptica?

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Por Máximo Ortega Vintimilla

(Ponencia –ensayo– presentado en la Feria Internacional del Libro de Guayaquil de 2012 y publicado en el blog del autor: El antojo de escribir, Quito, el 7 de noviembre de 2014)

 

“Pienso que en 20 o 30 años las novelas serán como lo que hoy es la poesía: un objeto de culto”. Philiph Roth

 

 I. ¿Agoniza la novela?

¿Escribir tiene futuro en tiempos de invasión de internet y de los medios audiovisuales? ¿Vale la pena escribir para que no te lean o sólo por el simple placer de escribir?… ¿Acaso la novela se está extinguiendo?… Para tratar de responder a estas interrogantes me aventuré a realizar, digamos, este ensayo con un título quizá exagerado: “El fin de la novela y novela apocalíptica”. Claro que el tema podría ser trillado (alguien dirá que sobre esto ya se ha hablado bastante), pero no importa… También, es mi afán relacionar este tema con un libro que publiqué por primera vez en Madrid[1], de título El arcoíris del tiempo. Se trata de experimentar, de utilizar como conejillo de indias a esta mi obra y así establecer si es una “novela apocalíptica”, si es un conjunto de relatos, de narraciones, donde se mezclan varios subgéneros lo que equivaldría a decir que, en el mejor de los caos, es algo similar a una novela, a una especie de novela (debido a influencias modernistas); o incluso determinar si son ambas cosas, una novela apocalíptica con una estructura que trata de poner fin a la novela como escritura.

Todo el tiempo nos estamos preguntando si la novela ha muerto, cuál es el futuro de esta, pero la verdad es que han pasado varias décadas y el asunto sigue latente, sin que nadie de una respuesta concreta; cada vez se parece al tema de la muerte del arte que discuten los futuristas y dadaístas. Cuando se trata de la poesía, no se oye frecuentemente la pregunta de que si esta ha muerto o no, quizá porque es más antigua que la novela, o tal vez porque detrás de la poesía hay menos poetas, o tiene menos adeptos que la novela. Con la novela, la cuestión es diferente, siempre la están asesinando, quizá por su fama, porque, por ejemplo, el cine, el guion, entre otros, se valen bastante de ella.[2] Cuando a Mainer[3], le preguntaron a qué atribuía la cíclica muerte y resurrección de la novela, respondió que a la ausencia de pedigrí. Mainer prosigue que a cada rato la matan debido a su polémico nacimiento: con ausencia de antecedentes, o con bastante, pero ni uno solo concluyente. Luego, agrega, que los escritores al tener cierta tendencia apocalíptica, hacen que de forma cíclica se diga que la novela ha tocado su fin. Y en verdad, la novela, a diferencia del teatro y la poesía, por cierto viejos, y que no han perdido su sustancia, es joven en relación con ellas; pero a decir verdad ahora se encuentra enferma, se ha visto acorralada, irrumpida por otros géneros, que la han vuelto inestable.

Al hablar de la muerte de la novela, se tendría, también, que diferenciar entre la muerte de la novela en su ámbito de análisis literario, o su deceso como diversión; o como una forma de promover el arte por el arte. En mi caso, sobre su muerte, creo que se debería considerar dos aspectos, tal vez contradictorios, el primero sería uno interno, relacionado con la novela como escritura, como género, como sustancia, esencia; y el otro, el aspecto externo, es decir, la novela como libro digital o impreso, que influye en la gente, en la cultura de un pueblo. Así pues, la novela como género, podría seguir viviendo bien sea pocos o muchos años; y, en cambio, la novela como medio que influye en una sociedad, o como forma de entretenimiento tendría los años contados. En suma, la novela como género podría seguir viviendo mientras existan novelistas fieles a la causa, que dan su vida por la novela, que sin importarles el momento, la época, si su obra a va a ser leída o no, se arriesgan a publicar, que si estuviéramos en el años 2030 0 2040, seguirían escribiendo y publicando aunque nadie las leyera porque, quizá, ya pasó de moda, o en el mejor de los casos lo leyera en su libro electrónico uno que otro novelómano. Y, en cambio, lo segundo, como medio de influencia, o de entretenimiento, sin importar si es buena o mala la novela, si es famoso o no el novelista, si es hiper modernista, o tradicional en su técnica, quizá tenga los años contados, y ello debido a la disminución de lectores, que ahora apuestan por los medios electrónicos de comunicación. Aquí valdría mencionar a Henry James[4] que en su ensayo El futuro de la novela (1899), decía que la novela está muy ligada al futuro de una sociedad que la produce y consume; e incluso a Milan Kundera que decía: “…si la novela debe realmente desaparecer, no es porque esté completamente agotada, sino porque se encuentra en un mundo que ya no es el suyo”[5].

Kundera decía también que “…si la razón de ser de la novela es la de mantener el “mundo de la vida” permanentemente iluminado y la de protegernos contra “el olvido del ser”, ¿la existencia de la novela no es hoy más necesaria que nunca?”[6], pero la verdad es que en esta época no es así, las cosas han cambiado, los nuevos medios de comunicación quizá son los culpables. La novela y los novelistas, tienen que influir en la sociedad, en la cultura, en el arte, como una forma de seguir viviendo, como una forma de evitar entrar en crisis y morir. Sobre esto, Rodriguez[7], refiere que en 1996 el novelista Franzen publicó el texto “¿Para qué molestarse?”, en el que repasó que en la actualidad a los norteamericanos les importa menos las novelas que cuando vio a la luz la obra Trampa-22, (novela de Joseph Heller, 1961), -según él-, el último ejemplar en su especie que había influenciado en la cultura de Estados Unidos, y que esa falta de capacidad para influir se conocía como crisis. Esto de la influencia, me hace preguntar si las novelas, y  también los novelistas, ¿deben o no influenciar, por ejemplo en la sociedad, en la política, como en su tiempo lo hicieron El Quijote y Cervantes, Los miserables y Víctor Hugo, Germinal y Zolá, Ulises con Joyce, En busca del tiempo perdido con Proust, o como el Ruido y la Furia y Faulkner, o como Los Sangurimas y José de la Cuadra, o como Cien años de soledad y García Márquez, o como Las cruces sobre el agua y Gallegos Lara? Pero, también, lo de la crisis, me hace recapacitar respecto de si durante este siglo XXI la novela va a sufrir o no una grave crisis, o quizá, ya está saliendo de su crisis y apunta a su recuperación, que a la postre dará lugar a un proceso de transformación, hacia algo mejor; no precisamente a resucitar, sino a lograr cambiar de forma y de contenido, a cambiar como género y como medio de influencia. Quizá podría darse con la novela eso que anuncian algunos optimistas (antiapocalípticos), de que a la Tierra, a la humanidad no es que le espera el fin del mundo, sino la transición hacia una nueva era, desde luego mejor que la actual. En verdad, en poco tiempo a la novela le puede llegar no su final, sino su transición hacia algo mejor, acorde con las transformaciones que están dando en la humanidad. Y esto de la crisis, a la que dicho sea de paso no deberíamos tener miedo (sería la muestra de que se está evolucionando), tendría su razón de ser en el hecho de que la novela ha sufrido una serie de cambios, ha sido un género abierto que ha permitido la introducción de una serie de elementos diversos, ha permitido una libertad tanto en su contenido como en su forma. Ahora, al parecer, la novela necesita una transformación, para así llegar hacia un nuevo modelo en donde podría hasta cambiar de nombre, pero no perder su esencia, algo así como cuando del romance se llegó hasta la novela.

En el siglo XIX, época en la que no había la radio y la televisión, el entretenimiento de la gente eran las novelas por capítulos (me viene a la memoria Tristram Shandy de Sterne), no tenían competidores y tenían un público seguro. Luego, con la radio aparecieron las radionovelas que también tenía seguidores fieles; pero cuando apareció la TV, llegó la era de las películas de cine, teleseries y telenovelas, con lo que la novela y los cuentos comenzaron a padecer… Pero la cosa se complica mucho más cuando aparecen las computadoras, los VHS y DVD, los celulares y los videojuegos. Y más aún, cuando llegan los medios de masas, digamos que no tradicionales: internet, YouTube, Facebook y Twitter… lo que, dicho sea de paso, también ha generado, y genera cada vez más, una terrible crisis, por ejemplo, en los periódicos y revistas impresos: ya se habla con más frecuencia de los medios de comunicación digitales, virtuales, también, de los libros electrónicos. Así pues, la novela se encuentra en medio de ese gran aluvión, lo que le generará serios problemas a futuro, por no decir su agonía y muerte… Claro que esto de la agonía de la novela, sería más visible en países en vías de desarrollo, en donde las políticas de educación y cultura no son prioritarias para los gobiernos. En estas sociedades la novela no tiene su público más o menos numeroso, o leal, como lo tendría, por ejemplo, la música, el cine o el futbol. Si hiciéramos una encuesta, veríamos, por ejemplo, que en los colegios muy pocos estudiantes han leído en su vida una novela o un libro de poemas, y peor un ensayo literario, y si lo han hecho, quizá ha sido por obligación, porque se les exige hacerlo para pasar de año en tal o cual materia[8]. Y, lo que es peor, la muerte de la novela, se haría más cercana cuando vemos, por ejemplo, que la gente se anima a leer una revista, un libro y hasta el periódico sólo cuando es un resumen; la gente busca los resúmenes. Y si es una novela interesante, de doscientas o trescientas páginas, en el mejor de los casos, se salta las páginas, lee los capítulos interesantes, y todo ello, quizá, porque tienen pereza de leer o porque vivimos en un mundo acelerado. También está el hecho de que no es lo mismo leer las palabras del texto, a veces utilizando lentes, que mirar o ver la televisión o el cine, que es más simple, cuyas imágenes se captan más rápido en la mente. Luis Goytisolo[9] decía que la novela está en decadencia porque en la práctica ya no es un vehículo de expresión ideal para una sociedad, y ello porque el libro cada vez pierde más importancia frente a lo audiovisual. Por su parte, Philiph Roth[10], más que de la muerte de la novela hablaba de la muerte del lector. Decía él que todo el tiempo habrá novelas, es decir mientras existan novelistas, pero lo que ya no habrá son lectores, así pues, anunciaba la muerte de los lectores. (Vale la pena tomar en cuenta que la masa, la gente, quizá, jamás se va a percatar de que las películas vayan a profundizar en la psiquis de un personaje, nunca se van a dar cuenta de que, por ejemplo, en una película se pueda explicar, verbigracia, el origen de la maldad de un personaje, lo que si ocurriría en una novela. Sobre este punto, vale preguntarse, para los que nos gusta el cine y la literatura, si no nos ha pasado que cuando vemos una película basada en una novela, no nos desesperamos por ir a buscar dicha novela para enterarnos de más cosas, de detalles, en fin, que se omitieron en la película).

A pesar de todo, actualmente, los que defienden la existencia de la novela son bastantes, dentro de los que se incluyen críticos que hasta hace poco avizoraban su desaparición. En definitiva, lo importante es que hoy la novela aún sigue con vida, mañana no sabemos qué podría pasar. Mientras vivamos en el presente, la idea sería seguir escribiendo novelas. Milan Kundera decía que:

Se habla mucho y desde hace tiempo del fin de la novela: fundamentalmente los futuristas, los surrealistas, casi todas las vanguardias. Veían desaparecer la novela en el camino del progreso, en beneficio de un porvenir radicalmente nuevo, en beneficio de un arte que no se asemejaría a nada de lo que ya existía. La novela sería enterrada en nombre de la justicia histórica, al igual que la miseria, las clases dominantes, los viejos modelos de coches y los sombreros de copa. Así pues, si Cervantes es el fundador de la Edad Moderna, el fin de su herencia debería significar algo más que un simple relevo en la historia de las formas literarias; anunciaría el fin de la Edad Moderna. Es por lo que la sonrisa beatífica con la que se pronuncian necrologías de la novela me parece frívola[11].

Para terminar esta parte, cabe preguntarnos: ¿qué se debería hacer para mantener con vida a la novela? ¿Cuál sería la solución?… Quizá, en lo interno, sería la mezcla de géneros; y, en lo externo, hacer, por ejemplo, que en la novela se intercalen entre las palabras gráficos, o en el caso de los libros digitales, intercalar entre los capítulos mini escenas de películas (o los booktrailers). En verdad que el futuro de la novela tal vez pase por la mezcla de géneros (y subgéneros), por el tipo, por el tema: quizás a las policiacas, judiciales, a las de ciencia ficción, a las eróticas, les vaya mejor. Será lo híbrido lo que se acabará imponiendo en los próximos años.

II. ¿Novelas apocalípticas?

Normalmente el término apocalipsis es usado para referirse al final de los tiempos, al Armagedón. Y como hablamos de novelas[12] y de apocalipsis, valdría mencionar que estas se refieren a historias terribles donde el planeta Tierra, la humanidad, será destruida por las plagas, las guerras, la caída de un meteorito. Pero también se referiría a aquellas anti utópicas (distópicas) donde los humanos, el hombre como individuo, es aniquilado sistemáticamente, por ejemplo, por un Estado totalitario.

¿Por qué la gente habla del fin del mundo?, ¿por qué a algunos novelistas y cineastas les gustan los temas del apocalipsis? La razón, quizá, es porque actualmente la humanidad ha llegado a una situación tal en donde la superpoblación, las crisis económicas, la violencia, la delincuencia, ha provocado un pesimismo, una depresión y angustia extremas, que hace que tengamos miedo e incertidumbre del futuro, que ocasiona que a cada momento estemos anticipando el fin del mundo, lo cual es aprovechado por unos cuantos “profetas” para obtener dinero a costa de los ingenuos, y también, en sentido positivo, es aprovechado por novelistas, guionistas, o cineastas, para obtener dinero, por un lado, pero también para crear mensajes a los lectores y espectadores respecto del mal trato que le estamos dando a la Tierra, de la maldad que existe entre los humanos, etc. Novelas que tocan estos temas, son  incontables; pero podríamos enumerar, entre otras, las siguientes: El mundo de cristal, de Ballard, en donde plantea la destrucción del planeta debido a un misterioso proceso de cristalización que convierte todas las cosas en gemas; La amante de Wittgenstein, de Markson, que se refiere a los recuerdos de una mujer que cree que ser la última persona que puebla la tierra; la famosa Ensayo sobre la ceguera, de Saramago, que habla de la crisis moral que sigue a una epidemia de ceguera blanca; El día de los trífidos, de Wyndham, que toca el tema del salvajismo que nos llevará a la catástrofe debido a que la mayoría de humanos, excepto unos cuantos, fueron cegados por la aparición de un meteorito, y también fueron exterminados por plantas venenosas, los trífidos; Apocalipsis, del popular y famoso mago de la novela del terror Stephen King, en la que nos cuenta que el fin del mundo se da por la presencia de una plaga vírica; El fin de la infancia, del conocido novelista de ciencia ficción Arthur C. Clarke, autor también de la clásica 2001: una odisea espacial, en la que nos narra que el fin del mundo se produce por una invasión extraterrestre, quienes controlan la Tierra para evitar la extinción de los humanos; Galápagos, de Vonnegut, donde nos cuenta la historia de un grupo hombres, que naufragan en 1986 en la isla ficticia de Santa Rosalía (Islas Galápagos, Ecuador), mientras huían de una terrible crisis financiera mundial. Luego, una extraña enfermedad hace estériles a todos los humanos a excepción de los recién llegados a Galápagos constituyéndose en los últimos representantes de nuestra raza. Es interesante anotar que el narrador, quien se encuentra en el futuro, narra la forma cómo se terminó el mundo, y un millón de años después, nos relata que se ha producido una alteración genética en los seres humanos lo que provocó que llegaran a tener el cerebro más pequeño, pero también, que se volvieran más felices; también, valdría mentar la obra La carretera, del considerado uno de los mejores novelistas vivos de Estados Unidos, me refiero a Cormac McCarthy. En esta obra se relata la historia de un futuro cercano devastado por una catástrofe, en donde un padre y su hijo, deambulan por una carretera, en un lugar muy frío y donde todo se ha vuelto miseria, en un mundo en dónde todas las otras especies se han extinguido y todos los alimentos se han agotado, donde los humanos, para no morirse de hambre, se han vuelto caníbales. Finalmente, entre las novelas distópicas estarían, entre otras: 1984 de George Orwell, El Proceso de kafka, Un mundo Feliz de Aldous Huxley y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury.

III ¿Mi obra El arcoíris del tiempo es una novela apocalíptica, o se refiere al fin de la novela?

Respecto de mi libro El arcoíris del tiempo[13], no sé si se encasilla dentro de una novela o de un conjunto de narraciones separadas. Eva Nombela decía que:

Esta obra está integrada por dos partes, la primera contiene  un relato base y la segunda un conjunto de cinco relatos; estas seis narraciones presentan diferencias de tono en lo que concierne al estilo, y que podrían ser tomadas separadamente, en cierto modo, como relatos casi independientes, o por el contrario, como narraciones que conforman una estructura unitaria, entre las que se puede apreciar una serie de vínculos o elementos de refuerzo que proporcionan cohesión a la obra concebida como totalidad[14].

Estas seis narraciones por separado, o capítulos que en conjunto formarían una novela, se desenvuelven dentro del realismo fantástico, de la ciencia ficción, del surrealismo. Esto último, sobre todo en el texto “Hipnosis mortal” de complicada construcción, conformado por materiales heterogéneos en una técnica de collage, con una pretendida simulación de escritura automática, fuertemente influida por el surrealismo[15].

¿Al existir cohesión y pluralidad, y un complejo sistema de narradores, entre otras técnicas, y encima, al manejar una temática relacionada con lo apocalíptico (el final del planeta Tierra, el exterminio de la humanidad, debido al cambio climático, a la degradación de la naturaleza, al inicio de una tercera guerra mundial), quizá escribí al mismo tiempo una novela apocalíptica y sobre el fin de la novela? Y todo ello porque en las “narraciones” de El arcoíris… quizá hay una mezcla de géneros (término polémico): poesía, cuento y novela…, al igual que subgéneros: ciencia ficción, fantasía, realismo social, surrealismo… tal vez, influenciados por la globalización, las profecías del fin del mundo, tecnología, superpoblación-pobreza. Así pues, vale preguntarse, también, si no será que esta hibridación, o esta fusión de diversas formas narrativas, son las que podrían terminar imponiéndose en el futuro. ¿Tal vez estemos asistiendo al apocalipsis de la novela, al inicio de una nueva era narrativa, que indudablemente ya no se llamará novela? ¿O, simplemente, lo mío no fue más que sólo desear hacer una novela apocalíptica y fracasé en el intento?

Y puesto que este III encuentro internacional trata además de ciencia ficción, memoria e identidad, vale indicar que El arcoíris del tiempo tiene también que ver con la identidad en este caso ecuatoriana. Memoria e identidad son interdependientes. “El significado esencial de cualquier identidad individual o grupal, a saber, un sentido de igualdad a través del tiempo y del espacio, es mantenido por el recuerdo; y lo que es recordado está definido por la identidad asumida”[16]. Actualmente “la construcción natural de identidades se está volviendo evidente, particularmente en el mundo occidental, donde las viejas bases de las identidades nacionales están volviéndose rápidamente indeterminadas por la globalización económica y la integración política transnacional”[17] Así pues, en mi obra El arcoíris del tiempo existe un dato esencial consistente en que la ciencia ficción, la fantasía se nutren, por ejemplo, de la identidad cultural de dos de los personajes: Adriano y Fernandito, el uno del sector urbano y el otro del campo, el uno blanco y el otro indígena, que al viajar a otro mundo, a otra dimensión, revelan sus verdaderas personalidades en situaciones extremas, lo que será determinante a la hora de tomar la decisión de regresar a la Tierra, para ese entonces afectada por el inicio de la tercera guerra mundial. El entramado simbólico de El arcoíris… resulta de sumo interés. El más patente de los símbolos utilizados es el del arcoíris. Este impresionante fenómeno meteorológico es en líneas generales un símbolo de manifestaciones divinas de carácter benevolente, alianza entre lo terrenal y lo supraterrenal. Viene a ser el arcoíris símbolo de la ilusión, promesa de felicidad. Una de sus funciones en el relato vendría a constituir el anuncio de un espacio utópico. Para los incas[18] se refería a la corona de plumas de ILLAPA (Dios del trueno y de las lluvias). Nefasto, pues, entre los incas, el arcoíris es una serpiente celeste:

Recogida por los hombres cuando no era más que un gusanillo, a fuerza de comer tomó proporciones gigantescas. Los hombres se vieron obligados a matarla porque exigía corazones humanos para su alimentación. Las aves se bañaron en su sangre y su plumaje se tiñó de los vivos colores del arcoíris.

Pero, ¿qué es lo que a El arcoíris del tiempo la haría una novela? Entre otras razones serían:

a) La ficción de un narrador global, procedente de otra dimensión espacio-temporal, Bolsandaq presente como voz narradora en todos ellos, pero con diferentes grados de participación.

b) Una preocupación central por la ecología que aparece igualmente en todos ellos.

c) Una organización temporal: “Antes” y “Cuando vino la guerra” que afecta a todos los relatos, relatos en donde, en un primer momento, se preludia la guerra, el apocalipsis, y otro posterior en el que se muestran las catastróficas consecuencias de ésta en relación al entorno. El relato base “El arcoíris del tiempo” está narrado en pasado, constituye una evocación de un experimento realizado con dos jóvenes terrestres trasladados a otra dimensión espacio-temporal (Jesmarché). Otro tanto ocurre con Encuentro interdimensional; el texto se narra en pasado y se mueve en la misma órbita temporal que el relato base. Sin embargo, el narrador se vale de la máquina del tiempo, y en consecuencia no puede intervenir ni alterar el orden de los acontecimientos y transcribe sus observaciones en presente, como puede constatarse en los preliminares que preceden a los tres últimos anexos: Así que eso es el amor, Hipnosis mortal y El mar que no conoceré.

d) En lo que concierne a los personajes, éstos se adscriben a un universo bastante peculiar, compartiendo un espacio ficticio común. Diferentes personajes se erigen como protagonistas eventuales o como narradores de los diferentes relatos. Así como Galdós, Balzac o E. Pardo Bazán configuraron en la totalidad de su producción un universo literario particular, en el que un personaje secundario en una obra podía convertirse en el protagonista de otra. Dicha técnica puede afectar también a una obra en exclusiva: Dublineses de Joyce. Algo similar ocurre aquí, diferentes personajes se erigen como protagonistas o como narradores provisionales de los distintos relatos, habiendo aparecido anteriormente como personaje secundario o no haber sido más que objeto de una débil mención. Procedimiento que podría prolongarse hasta el infinito, teniendo como constante punto de referencia el relato base: “El arcoíris del tiempo”[19]

Y gracias a tal artificio el texto se presenta como duplicación de la novela normal. La obra no se nos presenta como novela ordinaria de acuerdo con parámetros tradicionales (Dávila Vázquez, la califica de modernista), sino como extraño producto experimental de un extraterrestre (Bolsandaq) del cual se nos ocultan los propósitos últimos, así como los receptores intrínsecos o inmanentes del susodicho experimento. La ficción de Bolsandaq como narrador global en la novela no es realidad pues, sino que pretende un efecto de realidad. En todo caso, de suma importancia, resulta el distinto enfoque narrativo adoptado por Bolsandaq en las sucesivas narraciones que integran la obra, así como en el relato base.

Aún cuando lo fantástico constituya la nota predominante en el libro, la diferencia de tono entre las distintas partes de la novela es patente. En todo caso, el relato base: “El arcoíris del tiempo” se presenta muy próximo a la “ciencia ficción”, caería dentro del grupo de las utopías, que constituyen un género propio a caballo entre la teoría política y la literatura.(…) Jesmarché (ciudad extraterrestre) se configura como utopía ideal, en cierto modo, como cuadro de un mundo que no existe en efecto, que es solamente imaginación, pero cuyos rasgos expresan el deseo primordial y originario de lo justo, la imagen utópica es un paisaje de lo que debe ser, de lo que quien la imagina desearía que fuese en realidad”.

En suma, podrían valorarse aquellos aspectos positivos de estas imágenes sublimadas en las que se proyectan idealmente las posibilidades que encerraría la convivencia humana en un orden justo. Así pueden recogerse de esta visión como aspectos esenciales los siguientes:

-La historia ya no tiene cabida en ese universo utópico, puesto que ésta no es más que la recopilación de los errores humanos: guerras, revoluciones, imperios que cambian su configuración, etc., y se supone que tal sociedad ha logrado su plenitud y que es imposible la superación. El movimiento queda anulado, tiene pues algo de presente absoluto, que impide que haya futuro.

-Por otro lado, los individuos se rigen por normas éticas, que parecen surgir del convencimiento personal y muestran una actitud coherente que posibilita la convivencia armónica de los seres de esa sociedad, y no es el poder omnímodo del Estado el que garantiza la paz y el orden.

-Es un mundo extraordinariamente tecnologizado, pero preocupado por mantener el equilibrio ecológico.

-Es una sociedad excesivamente racionalista, en la que queda excluido lo irracional y lo afectivo; una sociedad, pues, racionalista y fuertemente tecnologizada.

Por otro lado, “aunque las voces narrativas se multiplican en la novela constituyendo una auténtica polifonía, hay una preocupación constante por la ecología, es una cosmovisión que viene a replantear las relaciones del hombre con la naturaleza. El tema que está presente, sin excepción alguna, en todas las narraciones que conforman El arcoíris del tiempo, aunque en mayor o menor medida. A veces, incluso de forma solapada, pero no por ello menos significativa. La naturaleza amenazada por los desmanes del hombre se erige en auténtica protagonista, realidad de la que el ser humano no puede vivir desligado. Esa violenta disociación ha dado como resultado el que la naturaleza se reduzca a algo informe y desencializado, en materia prima, que el hombre con su voluntad de dominio, con actitud impositiva pone a su servicio. Se persiguen fines inmediatos, intereses lucrativos sin reparar en medios. También los hombres que, asimismo, pierden su sustancialidad, se convierten en conglomerados que se deben organizar con el fin de que alcancen cierta configuración al servicio de fines extrínsecos. Es decir, se termina cosificando a los sujetos mismos. Se convierten en medios y dejan de ser fines. Así, pues, el hombre actual en su ciega carrera tecnológica y armamentística, que amenaza el equilibrio ecológico de la Tierra y que compromete la continuidad de la vida humana sobre el planeta ante el peligro de un holocausto nuclear, expresa dramáticamente la pérdida de sentido de nuestra civilización. Por ello, se apela a la conciencia del hombre, de la cual procede toda intencionalidad y elemento interpretativo de la realidad a fin de que éste deponga actitudes erróneas o de evitar que se deje arrastrar pasivamente o de forma inauténtica por los acontecimientos”.

Aun cuando la obra presenta de manera insoslayable las consecuencias catastróficas de una naturaleza amenazada no puede juzgarse de pesimista, sino que se resuelve, por el contrario, como una apertura a la esperanza, en un intento de recuperar una visión más integrada del hombre y en un deseo de modificar turbulencias que han llevado al mundo en que vivimos al borde de sus posibilidades. Con todo este trasfondo en el libro se nos evidencia que el único paraíso posible es nuestro planeta, yendo más allá de la utopía si cabe, y asimismo se expresa el anhelo de recuperar unos vínculos religiosos con la naturaleza, sin que por ello suponga, ni mucho menos, propugnar el regreso a un estadio primitivo y renunciar a avances tecnológicos[20].

Así pues, en mi libro El arcoíris del tiempo a lo mejor, sin quererlo, más bien hice una novela apocalíptica con rasgos estructurales que apuntan a una aproximación a la novela del futuro, y no un conjunto de narraciones que en evidenciarían de que no pude escribir una novela debido a que esta se encuentra en agonía o decadencia.

Notas

[1] En Ecuador hay una edición publicada por Edit. El Conejo, 2010; así como existe la versión en ebook de Amazon, 2014.

[2] La novela llegó tarde comparada con otros géneros literarios. Con el “Don Quijote de la Mancha” hablamos de auténtica novela como género y técnica, como novela moderna.

[3] Tomado del Articulo de RODRIGUEZ, JAVIER: “La muerta viva”, Sección cultural diario “El país” de España.

[4] Tomado de ALFRED SARGATAL: “Diario de 360 º” o el Mestizaje de los géneros, Revista  Ínsula, nº 652 (abril 2001)

[5] KUNDERA, MILAN: “El arte de la novela”, Tusquets Editores S.A. Barcelona, 1994, pág. 27

[6] KUNDERA, MILAN: IBID, pág. 28.

[7] RODRIGUEZ, JAVIER: IBID.

[8] Se dice que en Ecuador, según una encuesta, un ecuatoriano lee medio libro por año.

[9] Tomado del Artículo de RODRIGUEZ, JAVIER: IBID.

[10] Entrevista concedida por Philip Roth al diario “El Mundo” de España, 2008.

[11] KUNDERA, MILAN: IBID, pág. 29.

[12] Las novelas apocalípticas suelen encasillarse dentro del género de ciencia ficción.

[13] Edit. Huerga y Hierro, Madrid, Edit. El Conejo, Quito 2010, y Amazon.com, en versión electrónica, 2014.

[14] NOMBELA, EVA: Comentario crítico de “El arcoíris del tiempo”

[15] NOMBELA, EVA: IBIB

[16] GILLIS, JOHN: Memoria e Identidad: La historia de una relación.

[17] GILLIS, JOHN: IBID.

[18] Diccionario de Chevalier

[19] NOMBELA, EVA: IBID.

[20] NOMBELA, EVA: IBID.

 

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